Amarse en tiempos de soledad

Una de las mejores cosas que nos puede pasar es que nos rompan el corazón.   No lo digo como ese momento en el cual salimos en carrera a buscar repuesto, no hay nada más autodestructivo que ese dicho de aparente “cultura general” de que “un clavo saca a otro”. Tampoco como el momento “cant live” (es cuando cantamos a toda garganta “Without you” -en mi generación- interpretada por Mariah Carey) y sentimos que la vida no tiene sentido sin el otro. Me refiero al momento cuando quedamos desarmados ante la vida, con un hueco en el alma, cuando descubrimos que estamos enfermos y que hay que –inevitablemente- reconocer y asumir que no tenemos las condiciones para seguir “amando”, así desmesuradamente, con tanta negligencia, con tanta enfermedad.IMG_0483

Poner y pegar todas las pequeñas piezas juntas -de nuevo- es un arte que nos puede tomar años, esto para llegar a darle forma al cómo queremos amar y ser amados y esto no solo aplica a las relaciones románticas, sino en cómo se asume en amor hacia cualquier otro ser humano. Nos lleva a un ejercicio largo de autorreflexión de quiénes somos en el mundo: dejar esa horrible manía de construirnos –siempre- a partir del otro, determinar qué queremos, cuáles son nuestros sueños y cómo defender eso ante la historia de terror que nos cuentan todos los días de nuestro deber casi innato, como seres humanos, de huir a toda costa de quedarnos solos, pasar nuestro últimos días solos y finalmente morir solos, como si efectivamente no muriéramos solos.

Soy una adicta en recuperación y por tanto me he obligado todos los días –con mucha entrega y dolor- a ir borrando todas las prácticas autodestructivas y enfermizas propias, eliminar ideas preconcebidas de los clichés del amor y entender la libertad que debe significar quererse a una misma y quererse en el estilo de vida que se decida tener. Me auto-mediqué la decisión de estar sola para construir mi autonomía, ya lo dijo Marcela Lagarde,

“No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia”.

Y yo, cual Testigo de Jehová, me he dedicado a evangelizar sobre la importancia de estar solo. Mis amigos saben que siempre esa es mi receta, no importa qué, cómo o dónde, tenemos que aprender a lidiar con nosotros mismos y la mierda que llevamos dentro. A las mujeres nos han condenado por siglos a estar siempre acompañadas por un varón para estar validadas. Solo recordemos cómo, hace muy poco tiempo, una mujer no podía heredar, ni manejar su fortuna si no tenía un hombre al lado (papá, esposo, hermano), es como si no fuésemos un ser humano individual y solo tuviésemos sentido, nombre, personalidad, estado de ser vivo sino es al lado de un hombre. Pues ahora sí podemos heredar, sí podemos estar sin pareja y ser responsables de nosotras mismas y de nuestra sexualidad (al menos en algunas zonas de este lado del mundo), pero seguimos poniendo la soledad como sinónimo de desolación, seguimos siendo Penélope que teje y teje hasta que llegue Odiseo; es decir, si estamos solas es siempre a la espera. ¿Se acuerdan qué decían nuestro papás cuando éramos pequeñas? -“Yo solo espero que ella se encuentre un buen esposo que la quiera”. Desde que nacemos estamos condenadas a la búsqueda de compañía, porque imaginarnos solas, libres y autónomas es simplemente un escenario impensable.

Aprender a estar solas se logra a través de un ejercicio sistemático en donde logramos pensarnos independientes, fuertes, retadoras, creativas, protagonistas de nuestras vidas, es el lugar donde tomamos al “toro por los cuernos” y donde decidimos no regresar a un estado de compañía doblegadas ante los ideales sociales del amor dependiente. Estar solos es una disciplina. Su importancia recae en crear las condiciones óptimas para sobrevivirnos. Louis C.K. dice muy sabiamente, “Self-love is a good thing but self-awareness is more important. You need to once in a while go ‘Uh, I’m kind of an asshole.”*. Busquemos ese momento para ser protagonistas y creativas, pero encontremos el lugar y el instante en que tomamos conciencia de las personas que somos, que somos imbéciles muchas veces y en algunas ocasiones no estamos tan mal. Humildad y soledad.

*El amor propio es una cosa buena, pero la conciencia propia es más importante. Necesitas de vez en cuando decir “Uh, creo que soy un idiota”.

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