Un año de West Side Story: Crecimos.

Debo decir que hace un año, a esta hora, estaba en el Teatro Popular Melico Salazar  abriendo el telón de nuestro musical West Side Story, digo “nuestro” porque este evento fue la bella casualidad que nos unió a una serie de jóvenes, soñadores y llenos de determinación de hacer algo que nos consumiera el alma y la vida para ver qué tan lejos podíamos llegar.

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Desconozco si fuimos los mejores o lo peores, pero estoy segura que cada uno de los involucrados trabajamos pensando que éramos las personas más afortunadas del mundo, con el mejor trabajo del mundo. No había duda, lo veía alrededor: una persona que se queda en el teatro hasta muy altas horas de la noche, después de haber llegado a muy tempranas horas de la mañana y lo hace con gusto, con alegría, con entrega, esa persona ama su trabajo. Todos lo hicimos. Creímos en una idea y sobre todo creímos en el trabajo de todos y cada uno de los miembros de todo el equipo creativo y talento.

Nunca había trabajado tanto en mi vida: me levantaba a las 5:15 am y terminaba mi jornada alrededor de la 1:00 am, 6 días a la semana. Estoy segura que todos -en nuestro equipo creativo y talento- hacíamos estos esfuerzos que parecían absurdos –vistos desde afuera- pero algo mágico estaba pasando: todos creíamos en la historia que estábamos contando. Esa fue la más importante lección real que aprendí dentro del teatro.

West Side Story me hizo entender que cualquier proyecto creativo sin el impetú y la vida de un equipo lleno de esperanza y de amor por su trabajo es imposible de lograr como una lo sueña. Las condiciones que tenemos como país ante la cultura y el arte son tan adversas que lograr lo que nunca se ha hecho se vuelve –muchas veces-imposible. Pero no lo era, el problema es que todos piensan que lo es.

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Explicar el amor por esas sensaciones que buscamos los productores: el sonido del telón subiendo; el silencio que existe segundos antes de que suene la primera nota musical, la pequeña emoción que se esconde en el estómago de cada espectador, la estática, la oscuridad, la vida que se une en un teatro antiguo ¡Es impresionante! -Hay un grupo de personas que han  sacado de su dinero para ver algo que creaste junto con un gran número de personas para regalarle una parte tuya, una parte de cada uno de los artistas involucrados, y de cada uno de los autores, es como contar cientos de historias a la vez, es como el día que sentís que sos la persona más afortunada del mundo. Esa emoción que se esconde en todos ante la posibilidad de ver una nueva historia es el alimento de los creadores.

Estar en West Side Story fue el privilegio que nos permitió entender el proceso  de trabajar con un equipo de artistas, ver talentos impresionantes crecer con cada ensayo y ver el ensamblaje de todas las partes era como vivir una película. Todo se vuelve personal y cuando se vuelve personal cada parte del equipo hace lo mejor posible por contar su propia versión de la historia.

Todo esto es un problema en sí, porque cuando vivís esto, en tu carne, en tu cansancio quedas con la urgencia inexorable de buscar vivirlo una y otra vez. Nuestro equipo estaba lleno de “gente hambrienta”, ese era nuestro secreto.

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No era para menos: Luciérnaga Producciones se atrevió a lo imposible. Se logro crear un espectáculo de 100% producción nacional, se sostuvo un programa integral de formación y producción artística que sostuviera el espectáculo y se logró ser casi tan mediáticos como se quiso. A muchos no les gustó a tantos otros sí. Pero este musical es nuestra primera piedra y es un tema de tiempo, ya que seguimos, seguimos aunque -aveces- cansados pero seguimos, porque no hay verdad más cierta que un trabajo artístico exitoso tan solo requiere de un buen equipo de trabajo…y eso lo aprendemos, día con día, que las reglas para producir/crear son maleables y se escriben en cada producción.

Un año después de West Side Story nos reunimos parte del equipo en vísperas de la producción del próximo musical y todos éramos diferentes. Crecimos. Algunos tenemos una arruga nueva o canas y a pesar de que en mayo,2015 se acabó nuestro querido bebé, varios nos hemos mantenido apoyándonos en distintos proyectos: Las Leandras (Teatro Popular Melico Salazar, diciembre, 2015), Sangrillo, Cualquier Día, Hablemos Bajito…, La Mamma Morta… Seguimos, seguimos creyendo en nuestro trabajo, seguimos dispuestos a dar lo que sea por volver a abrir ese telón con una nueva historia. Trabajar en cualquier emprendimiento te cambia, te hace mejor, te hace crecer, te hace confiar y después de vernos la cara un año después estamos seguros que vamos juntos, de nuevo, con ganas de cambiar la manera cómo la mesa está servida.

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